martes, 6 de mayo de 2008

El Paisaje de la Sierra Minera


Se conoce como la Sierra Minera de Cartagena y La Unión una cordillera litoral de unos 25 kilómetros de longitud que discurre en dirección Este-Oeste, entre Cartagena y Cabo de Palos.

La Siera Minera.

La actividad minera se ha desarrollado principalmente en una franja central de la Sierra de unos 12 kilómetros en dirección Este-Oeste por 7 kilómetros en dirección Norte-Sur. Dentro de esta franja, los elementos más destacados aparecen muy dispersos por el territorio, si bien pueden agruparse en conjuntos o itinerarios en torno a los caminos de acceso a las minas.

Zonas de principal actividad minera.


Los numerosos yacimientos minerales se extienden por el área central de la Sierra, sobre unos 50 kilómetros cuadrados, distinguiéndose distintas formaciones: mantos, filones, hiladas, diseminaciones y monteras.

La historia de la Sierra Minera comienza hace 20 millones de años, emergiendo del mar del choque de placas continentales. Tras millones de años de procesos metamórficos, volcánicos e hidrotermales se forma el “Manto de los Azules”, el primer color de la Sierra Minera, el verde azulado de la greenalita. Y se completa su ADN con otros colores: el rojo del almagre o almagra, óxido de hierro utilizado como tinte; el amarilllo-pardo de la limonita, un hidrato férrico hidratado; y los pardos del ocre mineral, óxido de hierro con mezclas de arcillas y con proporciones variables de óxidos de manganeso.
La explotación por cartagineses y romanos dejó sus huellas en el territorio: calzadas, poblados, fundiciones, mosaicos, lucernas, entibaciones de galerías, un puerto (Portmán, el Portus Magnus Romano) y “la raja” del Cabezo Rajao, impresionante explotación a cielo abierto, abastecedora de plata para el Imperio.

Aspecto de “La Raja”, con la chimenea de la Mina Monserrat al fondo.

Una vez agotados los principales filones de plata por los romanos se pasó a una casi total inactividad hasta bien entrado el siglo XIX. A diferencia de lo que ocurrió en Riotinto, no hubo una gran compañía en los inicios de la explotación de la Sierra Minera. Las minas eran de pequeñas dimensiones, dando lugar a la aparición de una multitud de pozos que todavía hoy se reparten por toda la Sierra, de forma que casi todos se corresponde con una mina distinta (algunos eran de ventilación).

La tecnología evoluciona, a diferencia de los malacates que eran impulsados por animales, los castilletes son movidos por máquinas de vapor y más tarde por motores eléctricos. Las chimeneas de las máquinas de vapor se multiplican junto a las de las fundiciones, configurando un típico paisaje industrial decimonónico.

Chimenea de máquina de vapor.

Los pequeños edificios industriales, como naves y talleres, tenían como fin primordial el de cobijar a los trabajadores, y están por ello resueltos con gran economía: muros de mampostería o ladrillo, planta rectangular y cubierta a dos aguas. Estos edificios eran construidos y diseñados por los mismos arquitectos y maestros de obras que en la segunda mitad del XIX proyectaban en Cartagena o La Unión, y es por ello posible detectar similares detalles arquitectónicos en las viviendas de estas ciudades y en las casas de máquinas. En la arquitectura industrial de las zonas mineras no hay grandes innovaciones estilísticas, pero sí demostraciones de buen oficio, casi artesanal.
A mediados del siglo XX comienzan las explotaciones a cielo abierto, una vez agrupada la propiedad en manos de la multinacional francesa Peñarroya. Es el momento de las grandes transformaciones del territorio: cortas, escombreras y balsas, que arrasaron con muchas instalaciones que de haber llegado a nuestros días hubieran convertido a la Sierra Minera en un impresionante museo industrial minero al aire libre.
Las cortas, escombreras y balsas ocupan grandes extensiones de la Sierra Minera. Las principales explotaciones a cielo abierto ocupan una superficie de 182 hectáreas, produciendo además escombreras que ocupan 527 hectáreas. Tan sólo la balsa de mayor dimensión (Nuevo Pantano) tiene un volumen de 7.150.000 m3.
Los castilletes son sin duda los elementos más representativos del paisaje de la Sierra Minera. Los hay de tres tipos: de madera, de hierro y de mampostería u obra, que representan a otras tantas etapas. Los de madera son característicos de la etapa más antigua, aproximadamente, de mediados hasta el final del siglo XIX; los de hierro, son propios del primer tercio del siglo XX, y los de obra son en general posteriores. Hay 67 castilletes inventariados, de los que 28 son de madera, 10 metálicos y 29 de mampostería o ladrillo.
Los más característicos de la Sierra Minera son los de madera, de los que hay gran variedad, tanto de cuatro como de seis patas. La utilización de uno u otro dependía de la importancia de la mina. Las maderas eran principalmente de pino de Canadá, también se utilizaba el roble y otras variedades de pino (tea, del País, Oregón y rojo). Algunos fueron reforzados con perfiles metálicos.



Castillete de madera de la Mina María Jesús. La situación de abandono y deterioro ha ocasionado muchos daños en los castilletes. En este caso ha desaparecido la barandilla torneada que existía en la plataforma.

Las casas de extracción o casas de máquinas eran las construcciones que alojaban la maquinaria de extracción, que obtenía la energía de máquinas de vapor, sustituidas posteriormente por motores eléctricos. Las chimeneas que se conservan en muchas de las casas de extracción servían para la evacuación de los humos de las máquinas de vapor.

Las casas de extracción eran construcciones sencillas, de planta rectangular, con cerramiento de ladrillo macizo a cara vista o ladrillo hueco amaestrado y enlucido. Las cubiertas son a dos aguas con estructura de cerchas de madera de pino del país, Oregón o Canadá y teja plana o curva. Con frecuencia las cornisas se resolvían con sucesivas hiladas de ladrillo en distintas posiciones, formando juegos geométricos muy habituales en la arquitectura tradicional de La Unión.
También era habitual utilizar el ladrillo en sentido ornamental en los recercados de los huecos.

Las casas de extracción no han sido objeto de catalogación, sin embargo, si lo han sido tanto la maquinaria que se mantiene en muchas de las casas como las chimeneas de las máquinas de vapor. La mayoría de estas construcciones se encuentran en pésimo estado de conservación, son escasas las cubiertas que se mantienen íntegras, dado que han sido sustraídas las maderas de las cerchas y las tejas. Hay catalogadas treinta maquinarias de tracción y diez chimeneas de máquinas de vapor.

Las chimeneas son de ladrillo macizo visto tomado con mortero de cal. Su altura varía entre los 8 y los 28 metros. La sección de los fustes es circular o cuadrada. Suelen arrancar desde un zócalo también de planta cuadrada o poligonal. Las transiciones entre los tramos se resuelven con molduras de ladrillo que repiten motivos geométricos de variados diseños, llegando a alcanzar a veces más de diez hileras.

El estado de conservación de las chimeneas existentes es bastante deplorable, muchas están agrietadas y algunas amenazan con desplomarse. De las 21 catalogadas, diez son de máquinas de vapor, siete de fundiciones, una de un polvorín y otras tres no están relacionadas con la minería.
Hay 21 hornos o grupos de hornos catalogados. La mayoría son de calcinación de manganesos. Eran hornos similares a los utilizados para la obtención de yesos, de forma cilíndrica, de 4 a 7 m de altura y de 3,60 m a 4,50 m de diámetro, realizados en mampostería y revestidos interiormente con ladrillos refractarios, que a veces asoman por la parte superior. Exteriormente se enlucían con mortero de cal y se reforzaban con pletinas y cinchos de hierro.